Tal vez te conocí en otra edad
cuando los claveles aún perfumaban
y la brisa fría no me estremecía, como hoy.
Eran momentos donde la simple felicidad
nacía desde un beso.
Cuando no conocía penas,
y las risas encendían los manteles.
Eso fue ayer,
el hoy me desconcierta
igual que tus reclamos.
El hoy se llena de besos con sabor a chocolate
con caricias chiquitas,
cabezas castañas de rulos dorados.
El hoy son otras manos,
fuertes y sinceras,
las que toman mi cintura y soy única para él.
El mundo está lleno de cosas únicas
que no pueden pertenecer sino a uno.
También de una manera única.
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6/29/2009
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