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7/25/2008

El Cancerbero, Borges

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Si el infierno es una casa, la casa de Hades, es natural que un perro la guarde; también es natural que ese perro lo imaginen atroz. La Teogonía se Hesiodo le atribuye cincuenta cabezas; para mayor comodidad de las artes plásticas, este número ha sido rebajado y las tres cabezas del cancerbero son de dominio público. Virgilio menciona sus tres gargantas, Ovidio, su triple ladrido; Butler compara las tres coronas de la tiara del Papa, que es portero del cielo, con las tres cabezas del perro que es portero de los infiernos (Hundieras, IV, 2). Dante le presta caracteres humanos que agravan su índole infernal: barba mugrienta y negra, manos uñosas que desgarran, entre la lluvia, las almas de los réprobos. Muerde, ladra y muestra los dientes.
Sacar el Cancerbero a la luz del día fue el último de los trabajos de Hércules. Un escritor inglés del siglo XVIII, Zachary Gray, interpreta así la aventura:

Este perro con tres Cabezas denota el pasado, el presente y el porvenir, que reciben y, como quien dice, devoran todas las cosas. Que fuera vencido por Hércules prueba que las Acciones heroicas son victoriosas sobre el Tiempo y subsisten en la Memoria de la Posteridad.

Según los textos más antiguos, el Cancerbero saluda con el rabo (que es una serpiente) a los que entran al Infierno, y devora a los que procuran salir. Una tradición posterior lo hace morder a los que llegan; para apaciguarlo, era costumbre poner en el ataúd un pastel de miel.

En la mitología escandinava, un perro ensangrentado, Garmr, guarda la casa de los muertos, y batallará con los dioses, cuando los lobos infernales devoren la luna y el sol. Algunos le atribuyen cuatro ojos; cuatro ojos tienen también los perros de Yama, dios brahmánico de la muerte.
El brahmanismo y el budismo ofrecen infiernos de perros, que, a semejanza del Cerbero dantesco, son verdugos de las almas.



Manual de zoología fantástica
Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero
Breviarios (125)
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, 1966

7/06/2008

Del culto de los libros, Borges


En el octavo libro de la Odisea se lee que los dioses tejen desdichas para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar; la declaración de Mallarmé: El mundo existe para llegar a un libro, parece repetir, unos treinta siglos después, el mismo concepto de una justificación estética de los males...

...León Bloy escribió: "No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cual es su
nombre verdadero, su imperecedero Nombre en el registro de la Luz... La historia es un inmenso texto litúrgico, donde las iotas y los puntos no valen menos que los versículos y los capítulos íntegros,pero la importancia de unos y de otroa es indeterminable y está profundamente escondida (L'Ame de Napoleón, 1912). El mundo, según Mallarmé existe para un libro; según Bloy, somos versículos o palabras o letras de un libro mágico, y ese libro incesante es la única cosa que hay en el mundo: es, mejor dicho, el mundo.

Así comienza y así termina, "Del culto de los libros", ensayo realizado en 1951 por Jorge Luis Borges.


Otras inquisiciones
Jorge Luis Borges
EMECÉ Editores
1960